15 de noviembre de 2008

Luchar por el deporte

Robert Müller, portero alemán de hockey sobre hielo,fue sometido a una segunda operación para tratar de arrancarle un tumor de su cabeza, pero no hay nada que hacer. La enfermedad es irreversible. A pesar de la terrible noticia, a Muller aún le quedan ganas de vivir y se entrena a diario.

Todo empezó con unos mareos en noviembre de 2006, que le obligaron a abandonar la Copa de Alemania que se disputaba en Hannover. Le hicieron todo tipo de pruebas. Los estudios confirmaron la existencia de un tumor maligno en la cabeza, que le fue extirpado parcialmente. Después llegaron las tortuosas sesiones de quimioterapia, la radioterapia... Casi tres meses después, el arquero volvió a calzarse las cuchillas. Parecía un milagro.

El nuevo golpe llegó el pasado mes de agosto, cuando en un control rutinario los médicos detectaron que el tumor había vuelto a salir. Esta vez era más grande que antes, presionaba los vasos sanguíneos... Se le practicó una nueva intervención, pero fue imposible extirpar todo el tumor. Desde entonces, Muller tiene la certeza de que no hay nada que hacer, que su vida se apaga rápidamente porque el glioblastoma que tiene en su cerebro, de cuarto grado, es especialmente agresivo.

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